Danny Mejía

Recuerdo que cuando Dios empezó a poner en mí el deseo de ir a Amazonas tenía muchas dudas. Le preguntaba a Dios si yo estaba preparado, si iba a poder costear el viaje, si las personas a mi alrededor estarían de acuerdo, si soportaría el clima... en fin, muchas preguntas que se trataban acerca de mí. Él con mucha paciencia y amor fue contestando cada una de mis dudas y mostrándome finalmente que no se trataba de mí, que se trataba de Él y de hacer Su voluntad para mi vida. Él quería obrar en mi vida, pero el obstáculo que no le permitía hacerlo era yo mismo.

En Amazonas pude conocer y experimentar el amor de Dios de una manera más profunda; mientras compartía con las personas del equipo y escuchaba sus testimonios, mientras servimos en las congregaciones, cuando trabajamos con los niños, a través de Su creación y siendo testigos de lo que Jesús había hecho con las personas en ese lugar. Ver que las necesidades que tienen nuestros hermanos en estos lugares no los desaniman sino que los lleva a ser más dependientes de Dios fue impresionante, ese amor a Cristo marcó mucho mi vida. Fue a través de todo esto que Dios me ayudó a buscar cumplir Su voluntad para mi vida y no mis planes. Estoy seguro que Dios quiere formar en nosotros un corazón dispuesto a adorarlo y amarlo sobre todas las cosas, un corazón dispuesto a servir y amar al prójimo como a uno mismo. Estoy seguro que a Dios le agrada usar a personas para mostrar su amor hacia los humanos y estoy seguro que en un viaje misionero uno puede experimentar todo esto de una manera palpable.

Amazonas 2017